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Sunday, March 20, 2005

Romelia

Llevábamos dando vueltas en el carro por más de una hora. Loco viajaba en el frente conmigo, Matos en el asiento trasero.

No había nada que hacer, las morrillas de la fiesta andaban muy pasadas, se juntaron en bolita en un rincón y de ahí nadie las sacó, no había nada más que esperar.

Loco no se había metido nada desde la última vez, que por cierto estuvo cabrona, Matos no quiso ni asomarse a ver que había no quiso nada, tranquilo miraba por la ventana. De la nada nos dijo: - Vamos a la Cañada. Loco sin pensar respondió: - ¿Para qué?.

Yo me preguntaba, ¿para qué querrá ir a la Cañada?, ahí no hay más que una que otra casilla de ricos y muchos terrenos baldíos.

Matos insistió – Vamos. Fue determinante, ni Loco ni yo nos atrevimos a decir nada tomé la Avenida que lleva a la Cañada, por el retrovisor miré la cara de Matos … no tenía gesto. Sentí que todo lo tenía planeado, que el salir de la fiesta, el tiempo dando vueltas sin rumbo y la repentina idea de la Cañada, eran parte de un todo … de un plan que solo Matos comprendía.

Llegamos sin contratiempos después de un largo silencio pregunté: - ¿Adónde me paró? dejó pasar unos minutos para contestar. Pasamos por un lote baldío no había luz.

Matos ordenó desde el asiento trasero: - Aquí párate. Vamos a caminar. - ¿Qué? estás bien pendejo, está bien obscuro, ve tú si quieres. Reclamé. – Vamos, dijo Loco, podía sentir arrogancia en su tono, rivalidad en el aire. Matos inmediatamente se bajó, Loco no espero razones y ya estaba afuera del carro. Ahí me dejaron, estaba claro que la cosa era entre ellos. Por la familiaridad con la que se conducían por el barrio, supe que yo era el único que no sabía donde estábamos. Matos y Loco lo tenían claro.

Todavía no comprendo ¿por qué? fui con ellos, empecé a sentir miedo, miedo de la obscuridad pero más miedo de la rivalidad que saturaba el aire, caminábamos internándonos en el lote, con una sola lámpara que Matos sostenía, nadie decía nada.

Loco empezó a correr en la obscuridad, al parecer vio algo que yo no vi, por reflejo corrí yo también. Matos gritó: - Aquí te mueres pendejo, aquí te mueres. Se oyeron un par de disparos las pisadas de Loco cesaron yo me tiré al suelo y me tapé los oídos. Los disparos me habían ensordecido, pero recuerdo que grité y grité para saber donde estaba Loco.

Matos corría en mi dirección, podía sentir en la tierra el peso de sus pisadas, lo oí pasar a unos metros de mí sin que se percatara de mi presencia, iba detrás de Loco, gritaba con todo su pecho… después silencio… un grito de dolor, lo juro que no era coraje, era dolor… después silencio.

No me alcanzaba el aire para respirar, la mirada nublada con lo que creo que eran lágrimas.

La lámpara de Matos iluminaba desde el fondo de una zanja, me levanté como dormido viendo todo desde mi entumido cuerpo, sin temor baje por la lodosa pared de la zanja, me tuve que sentar para no resbalar tomé la lámpara y busqué a Matos quien todavía sostenía la pistola tenía la cabeza partida en dos, como una sandía que cae al suelo, un piedra sobresalía por entre las dos mitades todavía movía los ojos. Sentí asco de su miseria, no recuerdo bien pero creo que vomité.

Como gato subí por la pared de la zanja tratando de sostener la lámpara y huir de la muerte cuando pude salir me dediqué a buscar a Loco, le grité una y otra vez, pero lo único que me respondía era el silencio.

Supe que estaba cerca miré el zapato de Loco, yacía inmóvil boca abajo. Una gran mancha de sangre se dibujaba en su espalda.

Corrí y corrí…

Escuché un vidrio romperse el dolor del miedo se me había metido en las venas, alguien estaba en la casa, abrí bien los ojos, no tenía tiempo para pensar caminé despacio para tomar el bate de béisbol que guardo tras la puerta.

Sabía que tenía que alertar a Romelia, en el corredor se oía el eco de lo que pasaba abajo, el extraño caminaba y emitía sonidos que pretendían ser palabras, sentí el dolor en mi vientre, tal vez vendría acompañado, sabía que aunque me costara la vida defendería a Romelia, mi hija.

Puse un pie en el corredor, una ráfaga de aire frío entraba por la ventana rota y se me colaba por entre el camisón, pero lo único que podía sentir era miedo. Pude contar cuatro pasos de mi habitación al cuarto de Romelia, ella dormía tranquila.

Me acerqué a su cama con mi mano libre tapé su boca para evitar que gritara, ella asustada abrió los ojos no hubo necesidad de explicarle nada, parecía que en su mente había vivido este momento cientos de veces desde que su papá nos dejó.

Mansa y compuesta se puso de pie, cruzó sus brazos sobre su pecho en un gesto de defensa caminaba detrás de mí por instinto como un animalito asustado. Conforme nos acercábamos a las escaleras podíamos escuchar el eco, supimos que se trataba de una sola persona. Un hombre.

Creía en la íntima conexión entre una madre y sus hijos, pero no tenía idea de su poder, Romelia y yo nos hablábamos con telepatía, bajábamos las escaleras despacio esperando encontrar al extraño en la cocina, lo que nos dejaría el camino libre para salir por la puerta principal.

Despacio escalón por escalón, el extraño seguía en la cocina, caminábamos hacia la puerta el extraño dejó la cocina para encontrarnos caminó despacio hacia nosotros, su lenguaje no era amenazante, más bien parecía un chiquillo buscando refugio, su cara parecía como de cera, serio nos dijo: - Los dos están muertos. Se hizo el silencio.

– ¿Javi?, ¿qué haces aquí?, dijo Romelia - ¿lo conoces Romelia? – Vamos en la misma escuela. Mi miedo se convirtió en compasión – Muchacho ¿qué haces aquí?, ¿qué te pasó?, ¿quiénes están muertos? pregunté. Loco y Matos los dos están muertos.

Él después de la confesión cayó al suelo tapándose la cara con las manos... lloraba.

Romelia me miró con terror en su interior sabia que Matos estaba enamorado de ella.


Fabiola
Marzo, 2005

Wednesday, March 09, 2005

La mujer amarilla

La mujer amarilla me mira me sonríe me brinda toda su atención sin despegar sus ojos de mi, yo tengo algunos problemas para enfocarla pero, cuando lo logro sin pensarlo le sonrío, ella se ve complacida y enloquece en atenciones, puedo sentir que le gusto, ¿qué? estoy seguro que le encanto que me desea que no puede resistir tenerme entre sus brazos.

Pero, yo no tengo salida a mi me sólo me gusta una mujer y es la que me tiene entre sus brazos; es grande, digamos, enorme y suave, su aliento es mágico podría decir que me alimento de ella, por nada la cambiaría, ni por la sonriente mujer amarilla.

Ya no pongo atención, cierro los ojos me quiero refugiar en mi gran mujer, lloriqueo un poco para llamar su atención, ella me abraza, me sube y me baja, me sonrie, me habla suavecito, me da besitos en las mejillas, por último me pone el chupón.

Fabiola

Marzo 2005.

Milagro II


No hay nada peor que sentirse solo, pensaba mientras la besaba, puedo decir que estaba ahí más por usar el tiempo que por deseo, casi estoy seguro que ella hacía lo mismo.

El andén después de las diez de la noche estaba solitario…como nosotros, parecía una maldición todos en esta maldita ciudad nos sentíamos solos.

Llegaba la hora de retirarse; eso era un hecho, pero ¿cómo hacerlo?, separarnos nos traería la galopante realidad frente a nuestra piel.

Ella parecía como hipnotizada siguiendo con su lengua mis involuntarios impulsos, ¿voluntad? no la conozco, nadie me la ha presentado. Esperaba tal vez un milagro que me sacara de tal predicamento, irme sin irme, estar solo sin sentirme solitario, no cargar con nuestra falta de rumbo.

En resumen, no quiero hacer nada que venga de dentro, esperaba que un agente de Dios me salvara. Oigo a lo lejos el tren subterráneo, viene con su paso de hierro dispuesto a barrer con lo que se ponga en camino.

Mis ruegos han sido escuchados, me pregunto ¿quién soy yo para que Dios haga lo que le pido? no hay tiempo para pensar, lo que ya no tengo es tiempo; seguimos besándonos con abandono.

La sonriente cara del tren se asoma por el túnel es la señal que esperaba, no alcanzo a decir gracias… me separo de golpe… camino dispuesto a saltar al vacío miro el tren sé que es el que me llevará al cielo… Dios estoy seguro hace lo que le pido.

Recuerdo su voz gritando, para ser honestos es lo último que recuerdo.

Fabiola

Marzo 2005.


Friday, March 04, 2005

Astral

- Qué nadie va a decir nada? Dios mío, no es posible que nadie esté viendo.

Llevaba sentado ahí más de una hora era una junta a la que ella me había invitado, no tenía interés en el tema pero con tal de verla otra vez podía hacer lo que fuera. Todavía después de una hora de oír testimonios, preguntas y experiencias extraordinarias no me quedaba claro cual era el objetivo de estar sentado ahí. Especialmente cuando ella no se había aparecido.

Una mujer hablaba de su experiencia personal, de cómo había encontrado a Jesucristo. Mi mente merodeaba en los alrededores nada que realmente me llamara la atención hasta que presencie lo que yo le llamo el milagro.

Sentados en círculo, frente a mi una pareja … hombre y mujer tomados de la mano callados muy sonrientes. Me miraron al mismo tiempo y me hicieron una seña que me indicaba que viera lo que estaba apunto de suceder.

Un hilo de luz se comenzaba a distinguir, les salía de la cabeza, gradualmente se fue haciendo más y más grande, la habitación se iluminaba con una luz cálida y dorada, poco a poco, salían de su capullo estaba presenciando su nacimiento, su convertirse en mariposas pude distinguir forma y colores. La luz era ellos mismos desnudos buscaban salir del cuerpo presente. De vez en cuando me veían me sonreían en complicidad, salían poco a poco con placer en sus rostros.

De repente tuve ganas orinar, desde pequeño ha sido mi reacción al miedo, crucé fuerte las piernas para contenerme no podía dejar de mirarlos: eran bellos, luminosos, flotaban… no lo había notado pero tenía la boca abierta y la cara pálida. La gente seguía atendiendo el testimonio de la mujer, nadie notó nada.

Cuando salieron por completo, se reían de mi sorpresa y de mi facha, no podía cerrar la boca. Volaban en la habitación dando vueltas, se posaban en nuestras cabezas eran ligeros y juguetones.

Cruzaba las piernas. - ¿Qué nadie va a decir nada? ¿qué nadie ve nada? pensé, sin cerrar la boca.

Mi necesidad se hacía urgente. No debí de haber tomado tanto café. Ellos jugaban sobre la cabeza de la testimoniante, haciendo caras sacando la lengua. Me daba risa me concentraba para no soltar la carcajada ella fue más allá y empezó a imitar a quien hablaba, él por su parte imitaba a los que la escuchaban. Era como un acto de mímica como los del parque los domingos.

Me trataba de contener sin ningún resultado no pude más , mi risa en segundos se convirtió en carcajadas. Cruzaba las piernas con más fuerza.

Ellos se veían complacidos seguían haciendo bobadas a costa de los participantes sentí un húmedo aliento entre mis piernas, con gestos les indicaba que pararan por favor que aquello iba a ser un desastre, me lloraban los ojos de la risa, el tímido hilo de orina se convertía en un río… cedí… un abundante chorro se extendía en todo su esplendor pasando de mi silla en cascada al piso, la sensación era cálida y húmeda dejé de reírme.

De la risa pasé a la vergüenza me sentía expuesto, en ridículo, lo único que alcancé a hacer fue pedirle a mi Dios que me sacara de esa situación. La mujer calló todos me miraban incluso los seres de luz, a quienes les había cambiado la cara, puedo jurar que sentían pena por mi.

Me levanté con el pantalón empapado y dije: - ¿Qué nadie va a decir nada?

Fabiola
Marzo 2005

Monday, February 28, 2005

El Todoismo

¿Qué es lo que te está proponiendo?

Ella hablaba como si Corso no estuviera en el cuarto, y sólo se dirigía a Bernardo.

Me esta invitando a participar en un Club de la Pelea que está detrás de la pizzería del Centro.

¿Nooooo?, ¿Habla en serio?, ¿Qué no sabe de tu afiliación con Amnistía Internacional?, en principio deberías de estar en desacuerdo.

Bernardo con roja mirada observaba a Corso, sin hacer caso de Julieta. Siguió averiguando sobre la propuesta.

Corso no se había oido el comentario de Julieta, continúo.

Pero más que eso Bernardo, quisiera que reflexionaras conmigo acerca de la religión que he empezado a profesar.

Corso, háblame sobre la pizzería y los madrazos.

¿Qué es lo que quiere ahora?, ¿Te quiere evangelizar?

Cállate Julieta déjame escuchar, esto es importante.

Julieta se fue a una esquina, se hizo bolita, la cabeza en las rodillas, comenzó a hacer sonidos guturales que impregnaban de malestar el ambiente.

Corso, ensimismado no oía a Julieta y trataba de expresar su idea.

Mira se llama el Todoismo, y básicamente se trata de que Todo es de todos, y que nada es de nadie.

Bernardo con su roja mirada buscaba la verdad detrás de sus palabras.

¿Cómo esta eso?

Sí, nada es tuyo, nada es mío. Todo es de todos, y esto se aplica a todos y cada uno de los aspectos de la existencia humana.

Bernardo sintió como se le era revelada una de las Verdades Universales.

Corso prosiguió.

Todas tus pertenencias son ilusiones, y la única manera de no desilusionarse es no poseer nada. Cuando estas libre de desilusión vendrá naturalmente la Felicidad. Simple y complicado a la vez.

Bernardo recapitulando: - Nada es mío, eso es. La cosa es no tener nada, para no estar atado a nada.

Bernardo necesitaba tiempo para reflexionar sobre lo que había descubierto. Había olvidado la inicial propuesta de unirse al Club de la Pelea. Sus pesados pies lo llevaban afuera, necesitaba tabaco para dejar que sus células absorbieran el nuevo conocimiento.

Cuando regresó a la habitación, con la Verdad en su cabeza, encontró a Julieta con la boca ocupada, no precisamente conversando mientras Corso mantenía la cabeza hacia atrás con los ojos cerrados.

Los ojos de Bernardo supuraban fuego, no pudo articular palabra y lo que salió de él fue un gruñido, al que Julieta reaccionó dejando de hacer lo que hacía para escapar del animal salvaje que había imaginado.

Corso se cerró la bragueta y se le tiró a los brazos a Bernardo, esperando recibir un abrazo fraternal.

Al final si hubo madrazos.

Lo que después entendió Bernardo fue que Corso le había dado lo que deseaba: 1) Aquella Verdad que lo llevaría a la Felicidad de una forma hipotética, y 2) la certeza que lo llevó al éxtasis, el Club de la Pelea en su propia casa.


Fabiola

Último de Febrero.

Los personajes que aqui se presentan son ficticios, cualquier similitud con la realidad es obra de la casualidad.

Monday, February 14, 2005

Vogue y la Revolución.

Este día fue cuando empezó todo. El día en el que la portada de la revista Vogue, desplegaba en todo su esplendor una hermosa modelo. Se preguntará usted, ¿Qué tiene eso de particular?, lo que le puedo decir es que aquella no era una modelo regular, nunca nadie se había imaginado ver algo parecido en la portada de tal revista.

Poco a poco se fue corriendo la voz. Para medio día, la gente se arremolinaba para comprar uno de los pocos ejemplares que quedaban. Los altercados no se hicieron esperar; unos violentos y otros no. El mundo luchaba por tener entre sus manos una copia, una de las pruebas, una de las señales. La gente en vano, trataba de descifrar el significado de aquella imagen en la portada.

Para el anochecer las noticias reportaban los violentos sucesos. Robos, golpes y palizas, todo por poseer la impresión de aquella belleza. Nadie parecía encontrar lo que tenía aquella imagen que a todos volvía locos.

Después de una semana, la portada seguía haciendo noticia. La editorial de la revista había ordenado dos tirajes especiales para satisfacer la demanda. La repercusión de aquella imagen no se quedo ahí. Nadie pudo seguir de cerca su influencia en el mundo por que todo sucedía a pasos agigantados. Le llamaban la modelo de la revolución, la gente medía el tiempo de acuerdo a ella. Antes o Después de ella, su nombre en este caso no es importante, éste se vio brutalmente empañado por su imagen.

Quién haya sido el responsable de poner a aquella mujer en la portada, debía de ser un genio. Quien quiera que haya sido, indudablemente tenía el don de la clarividencia. Podía ver a través de la naturaleza humana, podía ver aquello que la gente deseaba. Si bien es cierto, han sido siglos sobre siglos del mismo canon de belleza. Este era el parteaguas de la historia de la moda, ¿Qué digo?, el de la Historia de la Humanidad, esto era destruir a los romanos, a los griegos, a los egipcios, era una nueva caída del Imperio, era vivir el Renacimiento.

Los críticos sociales ya escribían sobre el hecho en los periódicos, invitaban a estudiosos extranjeros a analizarlo, mientras los maestros trataban de encontrar el fondo, la gente rápido se habitúo a lo nuevo. Las tiendas, los restaurantes, los gimnasios y los salones de belleza, adoptaron la nueva ola, haciendo sentir que lo anterior era tan anticuado, tan fuera de la realidad, que se usaba como despectivo.

Aquella mujer con sus curvas vino a revolver el mundo. La anorexia pasó a la historia, todo giraba alrededor de la carne. Entre más tela se usara mejor, entre más grande y redonda la figura, más poder y arrogancia. Desde las celebridades hasta el populacho, trataban por todos los medios de adquirir aquella figura ideal. Nadie se acordaba de las dietas, las básculas, de las limitaciones.

La industria de las píldoras para adelgazar, de los “gurus” del ejercicio, se colapsaba. Los gimnasios ofrecían especiales para redondear el cuerpo con ofertas de 30 días o la devolución de su dinero. Los carbohidratos dejaron de ser del demonio para convertirse en dios.

Nadie lo previno, nadie lo hubiera imaginado. De pronto, todos vivíamos en la era “Boteriana” Las Gracias de Botticelli, eran los modelos a seguir, se hablaba de tallas en dos dígitos. Aquellos diseñadores que se rehusaron a seguir, murieron en el olvido. La carne había reemplazado al hueso.

En la historia se escribía un nuevo capítulo, un capítulo de desenfreno, no sólo en la figura, se desencadenó también el deseo, el deseo desencadenó la abundancia y con ella vino la felicidad. La gente se preocupaba por mantener un rozagante cuerpo. Estos cuerpos trajeron el deseo.

Nadie se acordaba que alguna vez existió hacerse el amor a uno mismo, nadie más se acordaba de la pornografía. Esto no cabía dentro de las nuevas ideas, habiendo todos aquellos cuerpos esperando ser complacidos, no había tiempo para el egoísmo.

Los restaurantes, los centros comerciales, inclusive las Iglesias, en todos estos lugares, habían sitios designados para el amor. Ya no se sabía de límites. A los niños se les educaba desde pequeños a amar. La palabra tabú, fue excluida de los diccionarios, de los santurrones se hablaba en tiempo pasado. Las vírgenes se hacían cada vez más jóvenes. No había reglas para que nadie las rompiera.

Aquél fue el día en que empezó todo, el día en el que los humanos aprendieron a amar.

Fabiola

Día de San Valentín, 2005.

Tuesday, February 01, 2005

Esperanza

Ella esta esperando, con sus ojos hacia fuera, la mirada hacia adentro. Se preguntaba. Se preguntaba el por que de sus preguntas. A estas alturas de su vida, las preguntas podían ser muy peligrosas, podían ser milagrosas, podían representar la muerte o la salvación de su alma.

Creia que había llegado a un punto en el que las cosas ya no se mueven, en el que se quedan quietas. Así ella lo pensaba y lo aceptaba con alegría, no había pesada resignación en sus pensamientos, había tranquilidad de saber que las cosas eran predecibles, controlables, esperadas. Pero, hoy las olas habian venido a moverlo todo.

Pero, ¿Por qué?, ¿Para qué?, no necesitaba las dudas. Doce años juntos, era algo de lo que ella se sentía agradecida, su juventud la había pasado con él, habían crecido juntos, ambos eran testigos de cada uno.

No se entendía, no sabía la procedencia de aquellos sentimientos. Trataba de pensar en las causas. Si bien es cierto, sus oídos se habían cerrado sin un te quiero, sus labios se petrificaron en el olvido. Se preguntaba ¿Cómo era que sentía desolación?

Se sentía sola en casa, rodeada de gente, afuera y por dentro. Él ya no estaba con ella, la había abandonado, dejando tras él el recuerdo. Mismo del que ella tomaba las piezas construirse una vida. Y ahora las preguntas, las dudas y la contundente realidad.

Ella había comenzado a mirar hacia fuera, miraba a los demás de una forma distinta, miraba a los hombres preguntándose, ¿Cómo sería mi vida con él, o con alguien como aquél? Se sentía enferma de sólo pensarlo, pero lo pensaba.

Sin saber como; dejo de esperar aquél te quiero, aquella caricia, una mirada de complicidad, simplemente se había cansado de esperar. Estaba muerta una parte de ella, una parte de la fantasía, y totalmente muerta la esperanza.

Con esto en la cabeza, pagó la cuenta, dejó el café. Había decidido ya no esperarlo más.

Fabiola

Enero 2005

Monday, January 24, 2005

Los ángeles

Ellos son los ángeles que traen la muerte

Ellos son los que vuelan a tu alrededor revoloteando sus alas

Ellos son los que te arrancan el corazón del pecho

Los que adormecen los nervios y entumen las manos


No son ángeles de Dios, no son del Diablo

Son los que te miden, te exigen, te pesan, te dividen, te etiquetan, te dudan


Te hacen creer que existes, te hacen creer que importas

Son los que al final del día te llevan a tu cama

Y te murmuran que si te esfuerzas serás mejor mañana.



Fabiola

Enero de 2005

Ciencia y Religión

No entiendo cual es la gran controversia entre la ciencia y la religión

Para mí son la misma cosa.

Ambas tienen sus dogmas de fe, sus ciegos seguidores, sus santos y sus dioses.

Ambas nos dejan con más preguntas que las que pueden responder.



Fabiola

Enero de 2005

El que nace para poeta...

El que nace para poeta

del cielo le caen los poemas.



Fabiola

Enero de 2005

Friday, January 21, 2005

La Reunión

Si tan sólo supiera quienes van a estar en la fiesta podría por lo menos imaginármela, pero nadie me quiso dar señas de lo que me espera. Ojalá que no sea una de esas reuniones aburridas llenas de elogios, promesas, reconocimientos, y nada de lana.

No me sentiría así si tan sólo me saliera algo, pero estoy más seco que nunca, ni una pinche palabra en días, ni siquiera una mediocre, nada. Creo que es esta mi parada, no es la que sigue. ¿Cuándo irán ha hacer los vagones del metro más grandes para que quepamos todos?

Ojalá que esté Paola con una de sus falditas chiquitas, por lo menos eso le traería entretenimiento al asunto. Me dijeron que tal vez va a estar el hijo de González-Caballero. Lo que es haber nacido en buena cuna. Como si se lo mereciera, con una palabra de su padre basta para que todas las editoriales esten a sus órdenes. Pinches niños ricos, escribiendo de pobreza, luchas y marginación, como si tuvieran corazón para sentirlo.

Aquí es donde me bajo, creo que voy a llegar temprano, el metro se tardó menos de lo que esperaba. Puedo caminar por aqui para hacer tiempo. El mercado todavía no cierra. Desde pequeño me gusta el olor de los mercados, los marchantes cierran sus puestos, tapan las torres de frutas con lonas de colores, los perros se preparan para dormir, los sonidos han cedido ante la ausencia de luz. Una señora envuelta en su reboso, pequeña y sumisa camina hacia a mi, cada una de las arrugas de su cara me pueden decir algo, no sé si lo que quiero escuchar, pero lo tengo que oír. ¿Qué le puedo dar?, No tengo nada, ni una sola pinche palabra mediocre. Perdóneme señora, sólo tengo dinero para darle. ¡Que vacuidad!, sólo dinero. Me extiende la mano, me dice algo tapándose la boca. Meto mi mano al bolsillo, le doy todo lo que tengo menos mi boleto de regreso.

Sin vacilar dirijo mis pasos de vuelta a la estacion del metro.

Fabiola

Enero de 2005

El arte de hacer dinero

¿Trabajar en el arte?

¿Trabajar para el arte?

¿Hacer dinero para hacer arte?

¿Hacer arte para hacer dinero?


Fabiola
Enero de 2005

Thursday, January 13, 2005

Su sueño

Su sueño era comprar una casa en las afueras de ciudad. Habían esperado varios años para lograrlo. Después de una larga búsqueda eligieron una casa que reunía las características que ambos deseaban. Tenían menos de un mes de haberse mudado, todavía acostumbrándose al medio ambiente. Estaban rodeados de árboles y un pequeño lago se dibujaba en el horizonte.

Martín tenía que manejar cerca de una hora y media a su trabajo, pero no le importaba, valía la pena el viaje. La casa no era grande, suficiente para ellos dos. Valeria, había transformado la terraza en su estudio, lleno de luz y colores vivos que le regalaba la naturaleza.

Era jueves, llovía a cántaros, lo que empeoró el tráfico, Martín trató de no hacer coraje, esta vez no tenía prisa por llegar. Valeria lo esperaba con pan recién hecho y café colado. Sentados a la mesa, conversaban de las cosas de hoy, él contestaba vagamente, sin hacer muchos comentarios. Un tenue murmullo los acompañaba, Martín no hizo caso, pero Valeria le preguntó: ¿Qué es eso que se oye?. -No sé, ha de ser algún animal.

Martín trabajaba para la industria del papel, tenía un puesto de contador, en la oficina principal. Su secretaria Blanquita como él la llamaba, estaba enamorada del él desde el primer día. Él lo sabía, pero para evitarse problemas en la oficina había preferido no hacer nada al respecto. Como él lo ponía, amaba a Valeria, era una mujer excepcional, pero él necesitaba algo más. Blanquita tenía 21 años.

Hoy él se había sentido vacío, deseoso, solo. Blanquita, había entrado a la oficina para discutir con él el reporte de la próxima semana. Él, de la nada, la invitó a comer. No pudo frenar su impulso. Durante la comida, en un lujoso restaurante, hablaron del reporte y de ellos. Él mintió diciendo que tenía problemas con su esposa, Blanquita lo miro con compasión creyendo cada una de sus palabras. Cuando él pensaba en ella, su mente visualizaba un venadito, frágil e inocente. Al despedirse él se le acercó y la besó. Blanquita respondió entregándose en ese instante en cuerpo y alma.

Valeria lavaba los trastes, sus pinceles descansaban en el escurridor de platos. Martín la ayudaba a recoger la mesa. –Valeria, no pongas aquí tus pinceles, los trastes se llenan de pintura. Ella no contestó, sabía que él estaba molesto por algo. No quiso preguntar por que, esperaría a que se le pasara.

El sonido de afuera se incrementaba en intensidad. Ahora podía distinguir que era. Se oía el cantar de las ranas. La lluvia las había inspirado. Se río de ella misma, eso demostraba que todavía le hacía falta mucho que aprender de la vida afuera de la ciudad.

Martín, prendió la televisión para ver las noticias. Valeria quería hablar con él sobre su nuevo proyecto, pero esperaba encontrarlo de mejor humor para ello. Tampoco quería decir el típico: “Martín tenemos que hablar”, por que eso lo pondría a la defensiva. Se sentó junto a él y vieron las noticias.

Era más difícil oír, las ranas sonaban más fuerte. Martín por fin se percató del sonido. “Oye, esas ranas si que cantan fuerte”, “Sí, ¿verdad?, parece que están aquí afuera”. “Cómo crees?, el laguito esta bastante lejos”. Por un momento se vieron a los ojos, él bajó la mirada, no podía ver a Valeria a los ojos. Tomó el control remoto subió el volumen y siguieron viendo el televisor.

Valeria se levantó para ir al baño, desde la ventana del baño el canto de las ranas se oía como cristal. Se dirigió a su estudio, y tomó la carta de invitación para exponer en Guatemala. Esta gira le representaba viajar por el país por más de un mes y medio. Sabía que eso a Martín no le iba a gustar. Tendría que decírselo suavecito, como no queriendo la cosa, para que al final él le dijera que era una oportunidad maravillosa y que no la dejara de ir, como si fuera de él la idea.

Martín trataba de concentrarse, pero sólo podía pensar en una sola cosa. Blanca. Sonó el teléfono, Valeria guardó la carta en su pila de papeles y contestó desde el pasillo. “Bueno, bueno…”. “Martín no puedo oír el teléfono esas malditas ranas no dejan de cantar”. Martín tomó el teléfono que tenían en la sala, pero con el volumen del televisor y el canto melodioso de los batracios tampoco pudo oír nada, tuvo que colgar, disimuladamente miró el identificador de llamadas, el número en la pequeña pantalla era el de casa de Blanca.

-Martín, ¿crees que esta bien que las ranas se oigan tan cerca?, - No sé. Se oyen como si estuvieran en la puerta. No acabo de decir esto cuando un golpe seco se escuchó en la puerta. Se tomaron de la mano y se dirigieron a la ventana. Caminaban despacio, tenían que gritarse por que el ruido era tal que había ensordecido el televisor.

- Martín, vamos a llamar a la policía.

- ¿Y qué les vamos a decir?, ¿Que tenemos un bonche de ranas escandalosas?

Valeria, llegó primero a la ventana, deslizaba con terror la cortina, cuando sonó de nuevo el teléfono. Martín corrió para contestarlo, Blanca otra vez. Con el sonido del teléfono Valeria dejó la cortina en paz, descolgó con cuidado la bocina para saber quien era. Martín gritaba en el teléfono, pero no pudo oír nada, se oían voces, no podía distinguir nada de lo que decían. Valeria se tapo el oído para poder escuchar. Entre palabras pudo poner juntas Martín, te amo. Sono el segundo golpe en la puerta.

Esta vez vio que Valeria le gritaba visiblemente enojada. Martín no podía escuchar nada. Ella agitaba sus brazos y lo señalaba, Martín entendió que Valeria había escuchado algo de Blanca. El canto de las ranas había tomado control del ambiente. No había nada más que aquél sonido, lo sentían en el pecho, lo sentían con dolor. Martín como pudo caminó hacia Valeria, la abrazó y pensó: Perdóname. Ambos esperaron el tercer golpe. El definitivo.

Fabiola

Enero de 2005

Friday, January 07, 2005

Le decían el flaco...

Le decían el flaco, mi prima había pasado por mí, íbamos a ir a cenar a Las Palmitas, en San Antonio, en el carro apenas cabíamos, la ventaja es que el flaco en realidad estaba flaco y podíamos viajar cuatro en el asiento trasero. Era la primera vez que lo veía, no pensé nada.

Yo había llegado el sábado, vivía en la Ciudad, tenía casi cuatro años sin visitar a mi familia en Higuera. No podía evitar la mala disposición de algunas personas, unos sólo me trataban mal otros eran abiertos en el asunto. Mi prima mayor siempre tenía que sacar la cara por mí, por que yo no me sabía defender, no de esa manera, en primer lugar, no sabía por que estaban enojados.

El flaco, había sido de los pocos que no habían hecho comentarios sobre mi lugar de residencia, viajábamos apretujados en el asiento trasero, escuchando la música esquizoide de mi prima. Podía sentir los huesos afilados de la cadera del flaco, él trataba de disimular su interés en mi escote. En la carretera no había nadie, no había nada, sólo nosotros.

Pasamos el barrio el Oasis, el flaco miró la intersección de reojo como presintiendo. De las sombras salió un carro que nos echaba las luces, mi prima quien iba al volante, aceleró, haciendo lo que cualquiera hubiera hecho, el carro sin más se nos puso al lado, eran dos los tripulantes, los dos clavaron la mirada en el flaco. Mi prima de inmediato dijo:

- Flaco, no me digas que te andan buscando.
- Nada pasa, tú sigue

El carro se alejó, el flaco se quitó despacio el reloj, y me lo dio. “Guárdame esto, ¿quieres?”. Ya no había vuelta. No habíamos viajado ni dos minutos cuando el carro que nos rebasó se hallaba obstruyendo el camino. Tuvimos que parar, mi prima gritaba histérica más de 7 insultos por segundo, todo un record. El flaco me miró, me guiñó el ojo y salió del auto junto con el novio de mi prima quien viajaba en el frente. Todos los demás nos quedamos boquiabiertos adentro.

La música seguía, mi prima seguía, yo sostenía el reloj del flaco, tengo que aceptar que me gustaba la familiaridad con la que me trataba. El bajó sacudiendo las manos en el aire, gritando frases inteligibles, para mí, no estaba acostumbrada al acento. Se encontraron frente a frente, los cuatro se veían, a nadie se el ocurrió apagar la música para escuchar lo que se dijeron, los del otro carro se veían enojados y dispuestos a lo que fuera. El flaco y el novio de mi prima esperaban.

Los golpes comenzaron, el flaco se daba con el más alto, el novio de mi prima con el otro. La disputa no duró mucho, yo no me había atrevido a parpadear, sentía como un vacío en el estómago, mi corazón latía junto conmigo, no podía dejar de mirar el ralo cuerpo del flaco, se movía con una determinación de por lo menos 100 kilos, mi respiración se aceleraba, preferí cruzar las piernas, para prevenir cualquier cosa.

El sangrante flaco subió al carro, seguido del novio de mi prima. Me sonrió como un chiquillo y pasó su brazo por mi hombro, haciéndome suya. Los contrincantes se quejaban en el suelo, los rodeamos por el acotamiento y nos alejamos. Mi prima no paraba de insultar así estaba desde que todo empezó, todavía a nadie se le había ocurrido apagar la música. Creo que la sangre fue la razón por la que no fuimos a cenar, en lugar de eso fuimos a la sala de emergencia de San Antonio. Al flaco le dieron 4 puntadas en la ceja y al novio de mi prima le dieron unos analgésicos por que parecía que tenía una costilla rota. Decidieron no levantar cargos.

La Higuera parecía un pueblo fantasma después de las 8 de la noche, fuimos a dejar a cada uno a sus respectivas casas, el flaco pidió que lo fueran a dejar a él por último, así tendríamos el asiento trasero para nosotros solos, no necesitábamos mucho espacio, estábamos uno sobre el otro, besándonos mientras mi prima manejaba.

Me acariciaba con sus huesudas manos, parecía un halo, un suspiro. Me buscaba y me encontraba en rincones, mi mente estaba en blanco, concentrada en sus manos en mi piel, no habían frases en mi mente, imágenes solamente, colores, sonidos. Él tenía un aire de confianza y camarería, él sabía lo que había que hacer, como si hubiese estado en esta situación miles de veces, sus ojos medio abiertos emanaban luz, mientras su lengua me dibujaba.

Mi prima miraba por el retrovisor y su novio le pasaba el toque. Paramos frente a casa del flaco, me dio un beso en la frente, y se despidió de lejos. En el barrio donde vivía el novio de mi prima la luz pública no era muy eficiente, así que pasamos largos tramos en total oscuridad, en silencio. Su maltecho novio se bajó de auto todavía quejándose de su costilla, balbuceaba cosas bonitas, por efecto de los analgésicos y la mota.

Yo no sabía que pensar, sostenía en mi mano el reloj del flaco, había olvidado devolverlo. Mi prima con su mirada maliciosa me dijo: - ¿Y?, yo sólo le sonreí, no quería que me echara a perder el momento, no tenía ganas de explicarlo. Pensaba en lo aburrida que era mi vida en la ciudad, pensaba que esta era la libertad de la que tanto hablaban. Comenzaba a construir ideas en mi mente, en todas el flaco estaba presente.

Mi prima sin más bajó el volumen de la música, me dijo: “¡Qué lástima que esta casado!”. Escuché en silencio. Mi prima al ver que no reaccionaba siguió, “se casó el año pasado, su mujer esta visitando a sus papás en los Estados Unidos”. Mi prima hablaba, pero yo no escuchaba, todo lo veía como en cámara lenta, pensando que tal vez despertaría pronto. Abrí la ventana, pude sentir el aire en mi cara, la misma cara que hacía unos instantes besaba el flaco. El reloj lo tiré por la ventana. No abrí la boca el resto de la noche. Mi prima al terminar su monólogo subió el volumen a la música.


Fabiola
Enero de 2005










Sunday, January 02, 2005

Juan

- Juan, necesitamos hablar.

-¿De qué?

- Hoy fui al doctor

- ¿Y?

- Estoy embarazada.

-¿Estás segura?

- Sí

- ¿Y qué quieres hacer?

- ¿Cómo, que qué quiero hacer?, pues nos tenemos que casar.

Después de una ceremonia apresurada y mal organizada, ya estaban casados. La familia de ella no estaba contenta con las circunstancias, pero el hecho de que Juan respondió hablaba bien de él.

La mamá de él y su hermano, prefirieron no meterse en el asunto y se limitaron a ayudar en lo que pudieron sin decir nada más de lo necesario. Después de todo Juan tenía 30, para la madre era un alivio que ya estuviera casado, y esperando familia. Pensaba que después de todo el esfuerzo que había hecho para ayudarla a ella y a su hermano, él se merecía hacer su vida.

Juan no quería pensar mucho, hizo lo que sintió debía de hacer, además la mayor parte del tiempo, ella ya tenía decidido que se debía de hacer. Juan no se metía, la dejaba, lo menos que quería era tener problemas.

Se fueron a vivir al fraccionamiento Francisco Villa, a sólo unas cuadras de la casa de los padres de ella. Rentaban un departamento pequeño, pero suficiente para la recién iniciada familia. Los vecinos eran parejas jóvenes con hijos pequeños, un ambiente adecuado para que creciera el bebé.

Él trabajaba para la empresa de Cable de la Ciudad, se consideraba afortunado por tener un trabajo, después de lo que pasó su hermano para conseguir uno después de su graduación. Juan había empezado como chofer, de mirar y hablar con los técnicos, ahora sabía igual o más que algunos de ellos.

Trabajaba duro para que le dieran unas de las gerencias, ocho años tenía en la empresa, y era supervisor de área. Él se la merecía la gerencia más que los niños “popis”, que llegaban a la compañía con todos sus títulos, y que no sabían nada del negocio. Juan trataba de convencerse que ahora tenía un motivo por el cual esforzarse, pero no daba mucho resultado.

Por las noches, cuando se iba a dormir, se preguntaba si estaba enamorado, cerraba fuerte los ojos y trataba de pensar en otra cosa, en el corazón tenía la respuesta. Sin embargo la idea de ser padre, lo emocionaba, y lo hacía sentir cariño por ella.

Para Juan las mujeres representaban un dilema, con la separación de sus padres él se tuvo que hacer cargo de la casa, sin palabras su madre lo había absorbido, creándole un sentimiento de amor-odio- frustración- miedo hacia ellas. Perdió su virginidad tarde en comparación con sus primos, no disfrutaba de las conquistas, al contrario, prefería vivir tranquilo sin sobresaltos.

Su esposa era la tercera mujer con la que había estado. Le intrigaba la razón por la que ella se embarazó, el cuerpo y sus funciones no eran su fuerte. Aceptó la idea del bebé y de compartir la vida con ella. Después de todo ella era buena mujer, la casa siempre estaba limpia, nunca faltaba qué comer, y la ropa estaba arreglada. Ella no era muy bonita, pero a quién le importaba la belleza. Pensaba.

La vida de casado le vino bien, había aumentado unos kilitos de la buena cocina y los cuidados de su esposa. Además, siempre es bueno dormir con alguien. En la compañía, la evaluación semestral se acercaba. Mientras su esposa crecía. Tenía que quedarse tarde a trabajar para cumplir con la evaluación. Pronto llegaría el bebé, el sexo era nulo.

En unas de esas largas noches, decidió darse un tiempo para resolver su problema sexual, cerró la puerta de la oficina, se puso cómodo y buscó compañía virtual. Su computadora contaba con una cámara, lo que facilitaba las cosas.

De sus compañeros había aprendido a entrar a las salas de charlas, buscaba algún nombre que le llamara la atención y ya estaba conectado en cuerpo y alma a la pantalla. Dependiendo del ánimo en el que se encontrara comenzaba la conversación suave dando tiempo o bien iniciaba tirando directo al blanco.

Revisó la lista de personas disponibles en el área y eligió a CaTaRiNa_24, más por la edad que por el nombre. Después de un par de preguntas, él le dijo

-¿Qué quieres que hagamos?, ella contestó: -lo que quieras,

-¿tienes cámara?,

– No,

-¿Qué lástima?,

-¿Por qué?,

-¿Por qué me gustaría verte?,

-¿Estás casado?,

-¿Por qué?,

-Por que me encantan los casados,

-Sí,

-¿Tienes hijos?,

-Casi,

-¿Cómo?,

-Mi esposa esta embarazada, pero ¿sabes qué?, no me gusta platicar así.

-Ok, perdón ¿en qué íbamos?,

-En que íbamos a hacer lo que yo quisiera,

-Ahh sí, entonces ¿qué quieres hacer?,

-No sé. Oye ¿lo has hecho muchas veces?,

-¿Qué?,

-Coger,

-¿Qué clase de pregunta es esa?,

-Perdón, no quise ofenderte,

-No, no es eso, pero se me hizo raro que me preguntaras,

-Y ¿cuándo perdiste tu virginidad?,

-Cuando tenía 17,

-Joven,

-Sí,

-¿Y has tenido muchos novios?,

-Algunos,

-¿Te puedo preguntar algo?,

-Sí,

-Te la han metido por atrás,

-Sí ¿Y tú?

- No a mi no me la han metido.

- No que si ¿lo has hecho así?,

-He estado cerca, por encima, pero nunca adentro,

-¿NOOOO? ¿ni con tu esposa?,

-No a ella no le gustan esas cosas,

-¿Oye dónde estás?,

- En mi oficina,

- ¿Dónde está tu oficina?,

-En el centro,

–No prefieres mejor salir, estoy sola y aburrida.

Se hizo para atrás en su silla, lo que había empezado como un pequeño proyecto de exhibicionismo ahora se tornaba en una posibilidad.

Pasó más de un minuto antes de que se atreviera a contestar, -¿A dónde quieres ir?, -A dónde quieras?, una gota de sudor bajaba por su frente. –¿Hablas en serio?, -Sí, - Soy nueva en la ciudad y no conozco mucho, - Es tarde, ¿A dónde quieres ir?, -Pues a donde me quieras llevar, pero si crees que es mala idea ahí la dejamos. –No espérate, podemos ir al parque Madero, por ahí hay varios hoteles, si es lo que estoy pensando. –Ok, te veo ahí, tengo una blusa roja y unos pantalones negros, búscame.

Se secó el sudor de la frente y trató de hacer bajar la erección que le había provocado la conversación, sin pensar en el asunto, dejó sus papeles sobre el escritorio, mañana si llegaba temprano podía terminar su reporte, tomó las llaves de la camioneta de la compañía, él no tenía coche, se dirigió al parque Madero. Sólo eran unas cuantas cuadras las que tenía que recorrer, pero prefirió hacerlo en carro para llegar más rápido, los negocios, ya habían cerrado, unas cuantas almas en el parque, todos turistas. El temor de ser visto ahí por algún conocido lo mataba, pero tenía a su favor la hora, era tarde y la gente toda estaba refugiada en sus casas. Se sentó en una banca a esperar a CaTaRiNa_24, quien no le había dado su nombre real, por que consideraba más excitante no revelarlo.

Juan se impacientaba habían pasado casi 20 minutos, ya había estado considerando irse, cuando CaTaRiNa_24 apareció, no era nada como se la había imaginado. Era bajita y rechoncita, muy sonriente, usaba lentes, traía unas sandalias que sólo los turistas usan y una cámara fotográfica al cuello. Para ella no fue difícil reconocerlo, por que era el único hombre sentado en una banca vestido de oficinista, -Hola, dijo ella. –¿Para qué la cámara?, -Para tomar fotos. Y sin más el flash explotó en la cara de Juan, -No me tomes fotos, no me gusta. –Está bien, no te enojes.

Caminaron por el parque, por espacio de 15 minutos, ella había ido a la ciudad para asistir a un curso de mercadotecnia, estaría ahí sólo por unos días. Entraron al Hotel San Cristóbal, pidieron una habitación. Él pagó en efectivo con unos billetes que sacó de su bolsillo. El hotel era todo blanco, con innumerables capas de pintura, era unos de los primeros edificios que se habían construido alrededor del parque, un edificio colonial con techos altos y remates garigoleados en las esquinas.

Tomados de la mano caminaban por el largo pasillo, hasta que llegaron a su habitación. Ella como si nada entró y buscó la jarra de agua, se sirvió un vaso y se sentó en la silla junto a la ventana. En el parque no había nadie.

Sin mucha corte él se le acercó. Torpemente la besó en los labios, la hizo que se levantara de la silla, le quitó la blusa por arriba de la cabeza, él ya había perdido la corbata y desabrochaba con rapidez los botones de la camisa, en un segundo los pantalones estaban en el suelo. A ella la tuvo que recostar en la cama para despojarla de los apretados pantalones, el cuerpo de ella era pequeño, redondo y suave, nada parecido a la esbeltez de su mujer, que aún con el embarazo no se redondeaba.

Una voz suave salió de ella, ¿Traes condones?, él sintió como un balde de agua fría le bajaba por la espalda, los condones. –No ¿para qué los queremos?, -¿Cómo que para qué?, -Yo pensé que lo íbamos a hacer por atrás, no los necesitamos, -¿Qué, qué, estás loco?, -¿Por qué?, -Sino hay condón yo no hago nada, -Pero si por atrás no pasa nada, -Ve y consigue un condón o me voy.

Se vistió rápidamente, y corrió hacia el lobby del hotel, pidió con lo que le quedaba de aliento unos condones al empleado, éste sin mucha prisa, le mostró un paquete de tres, pidiendo por ellos casi 7 veces más de lo que costaban en la farmacia, Juan protestó de inmediato arguyendo que él era local, y que esos precios estaban bien para los turistas, el empleado no hizo caso y dijo sin más que eso costaban. Juan sacó su cartera, le faltaban casi 30 pesos, no quería usar la tarjeta por miedo a dejar evidencia, preguntó donde había una caja automática, corrió hacia el banco que estaba a tres cuadras del hotel, sacó el dinero, regresó pagó los condones y se tuvo que soplar los comentarios sarcásticos de los empleados.

Casi sin energía tocó a la puerta de la habitación, CaTaRiNa_24, estaba vestida viendo una película en la televisión, -¿Los conseguiste?, -Sí, -¿Por qué te tardaste tanto?, -Después te cuento, -Oye, te hubiera pedido una Coca-Cola, me muero de sed, -¿Ahorita?, -Sí, por fas, -Mejor después. –No seas malito, ve.

Después de la Coca-Cola, Juan y CaTaRiNa_24, se entregaron al amor. Juan se sintió vacío más vacío de como estaba, no sabía que hacer ni que decir y ciertamente se hacía tarde, su esposa lo esperaba, no lo hicieron por atrás por falta de cercanía, amistad y lubricante. Para CaTaRiNa_24 no había estado tan mal con la excepción de tener que oler la culpa que exudaba Juan.

La fue a dejar a su hotel, sin insistir en un segundo encuentro, se dijeron de todas maneras que se llamarían, sólo para hacer el momento más respirable. Juan se llevó a su casa la camioneta de la compañía, mañana inventaría una excusa para ello. Casi las dos sonaban, la ciudad se había apagado desde las 9. Se estacionó y pudo ver la luz de su casa encendida. Respiró profundo, y se concentró en lo que diría, la clave estaba en no decir mucho para evitar sospechas. Tomó la llave, la metió en el cerrojo, sintió cómo desde adentro le abrían la puerta. Su esposa la abrió de par en par y se le tiró a los brazos, "Juan, Juan que bueno que llegaste, tengo que enseñarte algo". Juan no sabía que decir, de todas las escenas que había recreado en su cabeza esta salía de cualquier posibilidad.

Ella corrió hacia el cuarto como si la barriga la llevara, regresó a la salita y le mostró un papel negro y blanco con la imagen amorfa en el centro, “Juan este es nuestro bebé”. Su cara entera brillaba. -¿Quieres saber que vamos a tener?, Él sólo movió la cabeza. “Es una niña, Juan vamos a tener una niña” Juan se desplomó en el sillón, pensando en qué contestar.

Fabiola

Enero 2005.

Monday, December 27, 2004

Abel

Abel había nacido enojado, se sentía cómodo sintiendo ira, de hecho le parecía inconcebible sentir satisfacción. Decía de aquellos que se sentían satisfechos que eran unos mediocres, hombres inferiores, conformistas.

El intentaba ser como él pensaba debía de ser, pero la ira no le permitía muchos avances. Abel tenía la idea de un mundo, sabía como debían de funcionar las cosas, como la gente debía de conducirse, si todo fuera como él lo pensaba, la vida sería diferente, el mundo sería merecedor de ser habitado, sería un mundo en el que él se atrevería a sonreír.

Abel era un realista, no usaba mucho su imaginación por que no veía la utilidad en ello. No entendía eso que llamaban amor, para él no era más que hormonas, instinto y unas cucharadas de soledad. Sentía como las orejas se le tornaban rojas cuando alguien de buena voluntad trataba de explicarle, más furia sentía.

Pero, no todo era malo, después de todo, apreciaba la belleza en ciertas cosas, en los pájaros, en las hojas de los árboles, en frases de antiguos pensadores, en los libros. Abel vivía en un apartamento sin compañía, nunca había la había buscado, no creía en nada que no pudiera explicar científicamente. No le gustaba, la incertidumbre, las emociones, lo inesperado de otro ser humano deseoso e incompleto, así que decidió evitarlo por completo.

Abel, a veces soñaba con no despertar, no veía el objetivo de existir si era inalcanzable aquello que él deseaba, él soñaba con su hermano, soñaba que su hermano como en los viejos tiempos lo sacaba de su miseria.

Fabiola

Diciembre de 2004

Friday, December 10, 2004

Un sí por respuesta.

Para Leonel

Viernes por la noche, se sentía cansada, le había prometido asistir a la reunión. La recogería Samuel a las 9, irían en metro al centro.

La ciudad se dibujaba como un caleidoscopio, cada instante era una imagen diferente, la gente, las luces, los autos, y ellos. Llegaron sin contratiempos. Caminaron por la estrecha puerta, sus amigos los esperaban. Saludaron, se quitaron el abrigo y llamaron al mesero. Ella miraba a su alrededor, como buscando algo. En la mesa del fondo, en la penúmbra, un hombre y una mujer conversando. Sintió como bajaba una corriente fría por su espalda, la tercera persona en la mesa, él.

Cerró los ojos, sacudió la cabeza, y no miró más.

Desde hacía dos años, lo veía en todas partes, en todas las personas. Tenía que convencerse que él ya no estaba, que él se había ido. Trató de poner atención en sus amigos y en la conversación. Samuel se disculpó y fue al baño. Ella aprovechó para ir a la barra y ordenar algo de tomar, ya que el mesero no se aparecía. Tomó valor miró otra vez hacia la mesa. Él esta vez la miró fijamente, había dejado crecer su pelo y su barba, parecía diferente. Sin embargo, esa mirada no podía pertenecer a nadie más. Despacio, ella giró su cabeza hacia la barra y pidió un trago.

Samuel la alcanzó en la barra y se percató de las lágrimas en sus ojos.

- ¿Qué pasa?

- Es él otra vez.

Él corrió su brazo por sus hombros,

- Ya hemos hablado de esto.

- Lo sé.

- Vamos a pasárnosla bien. Esta noche, es Nuestra Noche.

Regresaron a la mesa con los tragos en la mano, ella no quería ver, pero no lo podía evitar. Lo único que quedaba de él era un par de billetes sobre la mesa. La pareja que lo acompañaba, bailaba en la pequeña pista.

Ella, se dividía en dos, una parte habitaba en el mundo presente, conversaba y convivía con la gente. La otra parte no dejaba de pensar en él. Pensaba en el dolor que le había provocado, pensaba en lo felices que habían sido y sentía culpa por no poder amar a Samuel.

Fue al baño para poder tener un minuto de soledad, él la esperaba en la entrada del baño. Se miraron, ella no podía sostenerse en pie. Le dijo desafiándolo: “Tú no existes, tú estás muerto, vete”. Ella trató de entrar al servicio, él no lo permitió. Ella sintió perder la cordura. Él la tomó de los hombros y la obligó que lo mirara a los ojos. “Vine a pedirte perdón, lo tuve que hacer por tu propia seguridad”. Ella no podía respirar, se ahogaba. Sus piernas se hacían líquidas, y veía todo negro. En el fondo ella confiaba que todo era el resultado de su imaginación, y que despertaría pronto.

Él la abrazó, antes de que se desplomara en el piso. Ella ahora lo podía tocar, se sentía real, demasiado real para ser un sueño. El tono se su voz cambió, hablaba como una niña en frases cortas, trataba de explicar lo que estaba pasando. “Tú no estás aquí. Tú estás muerto. Tú te moriste el 21 de Marzo del 2000. Ibas con tu amante. Los dos murieron”.

Él repetía.

- Perdóname, perdóname.

Su cara pálida y sin gesto. Sus ojos no miraban a ninguna parte. Ella le preguntó: Díme, por favor que no estoy loca, díme por favor que no estoy loca. Él trataba de tapar su boca con la mano para no llamar la atención. Le rogaba guardara silencio.

Cuando ella calló, él dijo: No hubo tal amante, fue para desilusionarte. No he dejado de pensar en tí ni un sólo instante. He venido a pedirte que vengas conmigo.

Ella tenía la mirada perdida, rayaba en la locura. Con la poca voluntad que le quedaba aceptó, salieron del lugar tomados de la mano. Caminaron calle abajo. Caminaron por las calles de la ciudad siempre cambiantes, pasaban las horas, hablaban sin parar, ella recobraba la sensación de ser, pronto amanecería, ella le propuso fueran a su casa, él aceptó.

Preparó té para los dos, se abrazaban en el sillón, se fueron a la cama con dos años de deseo, hicieron el amor hasta que los rayos del naciente sol les cubría la cara, durmieron con sus cuerpos entrelazados.

Samuel y los demás la buscaron por todas partes. Samuel guardaba la esperanza de que todo era un malentendido, ella tal vez necesitaba estar sola.

Habían pasado sólo algunas horas, una perilla mal cerrada, un vecino llamó a la policía cuando el persistente olor a gas saturaba el aire. A la fuerza abrieron el departamento. Ella yacía en la cama, con un gesto de entrega. Estaba sola, durmiendo el sueño eterno sola.

Samuel la miraba, no reconocía aquel gesto en su cara. Sin embargo, era ella. Al identificarla dio un sí por respuesta.

Fabiola

Diciembre de 2004

Thursday, December 02, 2004

Diana

Diana es una cosita bonita

Diana va a cumplir ocho años

Diana sueña con unicornios dorados

Ella una tarde tocara las nubes


Diana pregunta su madre cuando será su cumpleaños

"Será pronto no desesperes, mi niña"

Ella llevará un vestidito blanco

y unos zapatitos azules


Diana vive con mamá y papá

Diana tiene un perro y un conejito

Diana cuenta los días para su cumpleaños

Diana quiere una estrella, un arcoiris, y una gota de mar


Diana duerme, vuela en las nubes

Diana siente que la tocan

Diana no se puede mover

Diana tiene miedo


Diana esta triste

Diana no se quiere levantar

Diana ya no quiere los regalos

Diana lo que quiere es llorar


Diana abre los ojos

Diana no puede hablar

Diana quiere que aquello fuese solo un sueño

Diana supo hoy que los unicornios no existen.


Fabiola
Diciembre 2004

Que día es hoy?